Las Leyes del Éxito Conyugal.

Familia
marzo 5, 2010 5:14 pm

Uno de los anhelos más fervientes en toda relación de pareja ha sido indiscutiblemente el éxito matrimonial. Cuánto anhelan ser una pareja armoniosa, distinguirse como padres, pasar bellos momentos de esparcimiento y recreación como familia. Nadie se casa para vivir en constantes conflictos o resentimientos, por eso es que anhelamos el éxito.

El fracaso es considerado como el enemigo temible de la humanidad, por eso es que todos queremos ser exitosos en lo que hacemos, incluyendo el aspecto conyugal. Ciertamente, sabemos que alcanzar el éxito implicará sacrificio, constancia, renuncia y entrega, aún así lo anhelamos de corazón.

¿Existe algún secreto para triunfar en la vida conyugal? ¿Todas las parejas pueden tener éxito o sólo será para algunas? ¿Se puede triunfar o es un deseo irrealizable? ¿Cómo va su matrimonio? ¿Se aman como al principio?

La verdad es que todas las personas pueden triunfar en la vida conyugal, pero el triunfo dependerá de ambos. Todos podemos tener éxito, tan sólo hay que buscarlo en el lugar adecuado, si usted triunfa en la vida conyugal, entonces triunfa su descendencia, triunfa la sociedad y triunfamos todos.

A continuación compartiré cinco leyes cardinales para el éxito conyugal, extraídas del mejor Manual para el matrimonio: La Biblia.

I. Guardar El Corazón (Jeremías 17:9; Proverbios 4:23; Salmos 66:18; Mateo 5:8)

De suma importancia para la pareja es saber guardar el corazón. Es decir, ambos deben ser cuidadosos con sus sentimientos, emociones y pensamientos. Dejarse llevar por los impulsos momentáneos o emociones transitorias siempre conducirá a graves conflictos, amarguras y resentimientos en la pareja. Con el corazón dolido, cualquier persona es vulnerable a los pensamientos innobles o necios. Recordemos que los seres humanos actuamos según lo que pensamos. Por eso, es común oír de mujeres casadas que extrañan al ex novio, o de hombres casados que lamentan su desdicha al lado de su esposa. Y no faltaron quienes tuvieron la osadía de ir en busca del ex o de la ex, complicando más el problema y finalmente arruinarlo todo. No hay duda que los pensamientos generan conductas.

Guardar el corazón también equivale a no ser personas influenciables. En el mundo hay una serie de seducciones y atracciones por doquier. La presión social es temerariamente fuerte e influyente; no obstante, una pareja que conoce el valor incalculable de guardar el corazón, sabrá sobreponerse a toda suerte de influencias perniciosas. Cada instante de nuestra vida, somos bomdardeados por infinidad de tentaciones y estamos expuestos a sendas propuestas deshonestas. Sólo guardando el corazón, podremos mantenernos fieles a Dios y al pacto matrimomial.

II. Nunca Rendirse (Romanos 12:21; 1 Juan 5:5; Salmos 27:14; Salmos 31:24; Jeremías 1:19)

Unirse en matrimonio es una experiencia maravillosa. Pero la vida de casados no es como el final de las telenovelas, que aparte de tener -casi todas- el mismo argumento, terminan cuando los protagonistas (él y ella) son declarados marido y mujer en un altar. Sabido es que esto no es el matrimonio en sí, únicamente viene a ser el inicio de la vida conyugal, y en esta etapa inicial de convivencia es cuando surgen las primeras discrepancias, los malos entendidos, las discusiones, etc. Aquí es cuando realmente las parejas empiezan a conocerse. Por lo dicho, es fácil deducir por qué los matrimonios se desintegran al poco tiempo de constituidos. Al enfrentarse a la realidad e implicancias del matrimonio, descubren que no estaban preparados para esta aventura, y muchos abandonan la relación.

Entonces, surgen las opiniones de los “amigos”, compañeros de trabajo, parientes, entre otros. Son los “consejeros” espontáneos y bien intencionados, pero tenga la certeza que hablarán desde su similar experiencia de fracaso conyugal. Y así, no se logran matrimonios de éxito, muy por el contrario, se atenta contra la institución familiar. Por eso, permítame afirmar con convicción que si intenta una y otra vez salvar su matrimonio, verá que valió la pena no rendirse. Por lo que más quiera, jamás renuncie al matrimonio, respete y valore la pareja que Dios le dio para compartir su vida con usted. Evite en lo posible hacerse de otro compromiso creyendo que le irá mejor. No crea la mentira de rehacer su vida con otra persona. El ser humano es incapaz de rehacer la vida de otro, el único que puede rehacer su vida y su matrimonio es Dios, o dicho de otra manera: el Creador del matrimonio.

III. Honrar a los Padres (Éxodo 20:12; Efesios 6:2-3; Proverbios 10:1; Proverbios 13:1; Proverbios 23:22)

Este es un aspecto de gran relevancia, el mismo que debe ser considerado muy seriamente. Muchas personas no logran entender la dimensión que esto encierra como causa de fracaso, no solo en lo conyugal sino en las diversas áreas de la vida. En la consejería matrimonial, inevitablemente se aborda la relación que los consultantes tuvieron con sus padres antes de formar su propia familia. Es sorprendente descubrir que todos sin excepción, fueron rebeldes, desobedientes y groseros para con sus padres. Incluso, algunos se casaron sin tomar en cuenta la opinión de sus padres, es decir quebrantaron el primer mandamiento con promesa de honrar a sus padres. En definitiva, no puede irles bien en nada de lo que emprendan. Es por eso que van de fracaso en fracaso y en nada les va bien.

Cuán beneficioso y saludable es para toda persona, y particularmente para una pareja honrar a sus padres. Hay quienes jamás reconocen lo que sus padres hicieron por ellos cuando eran tiernos; una vez que salieron del hogar y labraron su porvenir, se olvidaron de sus padres. Para ellos sus padres no cuentan, no los valoran ni los consideran. En apariencia, todo les va bien, mas su ruina y su fracaso llegará. Algunos procuran hacer negocios, tener una bonita familia, crecer profesionalmente, etc. pero mientras no cambien de actitud y sigan deshonrando a sus padres, su fracaso es inminente. Para que les vaya bien y tengan éxito como pareja, nunca olviden a sus padres de ambos, velen por ellos, provean a sus necesidades materiales y afectivas. Si viven distantes de ellos, llámenlos por teléfono, díganles que los aman y que los valoran mucho. No hacerlo hoy, puede ser demasiado tarde mañana.

IV. Renunciar al Pasado (Isaías 43:18; Filipenses 3:13; Hebreos 10:39; Hebreos 12:1, 2)

No hay nada que podamos hacer con el pasado. Vivir aferrado al pasado nos paraliza, nos estanca, nos detiene. Necio es quién siempre está no solo recordando el pasado, sino lamentando lo que debió ser y no fue, lo que pudo tener y no tiene, lo que debió hacer y no hizo. Esto a cualquiera lo tensiona, indispone y deprime. Una persona puede tener mucho potencial, pero si vive atado al pasado, será un mediocre y superficial. No en vano las Escrituas nos exhortan a mirar hacia adelante, a no traer a la memoria las cosas antiguas o pasadas porque en nada aprovecha. El pasado ya no nos pertenece, lo que sí disponemos es el presente y el futuro, y aunque no podemos hacer nada con el pasado, sí podemos mirar hacia adelante con optimismo y entusiasmo.

En la vida matrimonial siempre hay aciertos pero también errores, la pareja que se dedica a lamentar los errores y no aprende de ellos, necesita renunciar al pasado. La pareja que en sus primeros años de inexperiencia matrimonial, cayeron en las ofensas y no dan lugar al perdón, necesitan renunciar al pasado. El perdón, necesariamente implica olvido (Isaías 43:25); si bien es cierto que sólo Dios puede olvidar nuestros pecados, nosotros al perdonar las ofensas, seremos libres de esa opresión. Por cierto que recordaremos la ofensa, pero ya no nos hará daño como antes. Es necesario renunciar a todo aquello que perturba la paz y la armonía conyugal para mirar juntos en la misma dirección e ir hacia los grandes triunfos y victorias que Dios desea confiarnos conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

V. Acordarse de Dios (Salmos 128; Eclesiastés 12:1; Isaías 55:6,7; Hebreos 4:7; 2 Corintios 6:2)

Ningún matrimonio debe prescindir de Dios, en realidad ningún mortal debe transitar por este mundo independientemente de Dios. El ser humano ha sido creado para cumplir el propósito de Dios aquí en la tierra. Asimismo, el matrimonio es una idea de Dios y como consecuencia debe conducirse de acuerdo a las normas del que lo diseñó. Pero desafortunadamente, vemos cómo hoy los matrimonios se enfrascan en tantos compromisos les sea posible. Ellos tienen tiempo para todo, menos para Dios. Nunca hacen un alto para buscar la voluntad de Dios para sus vidas, no tienen vida devocional, no acuden a la casa de Dios ni se interesan en la vida espiritual. En esas circunstancias llegan los hijos, los cuales tendrán un hogar carente de la bendición y la presencia de Dios.

Es duro decirlo, pero este matrimonio ha producido su popia destrucción y la de su descendencia. Pero qué diferente es cuando se toma en cuenta a Dios y no lo ignoramos como el Autor del matrimonio y la familia. Dios promete derramar sus bendiciones en cada cónyuge y en cada integrante de la familia (Salmos 115:12-15). Nadie quién haya tomado en cuenta a Dios, jamás ha fracasado en la vida, por el contrario ha sido triunfante y victorioso. Ahora mismo, acuérdese de Dios y búsque de él, clame por ayuda que él está cercano a todos los que le invocan de veras. No posponga esta decisión, hoy es el día de salvación. Jesucristo vino al mundo para reconciliar al hombre con Dios, él es el camino, la verdad y la vida que usted y su familia necesitan.

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Este artículo fue escrito por feliciano el Viernes, marzo 5, 2010 a las 5:14 pm. Tú puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS feed. Tú puedes dejar una respuesta, o referenciarnos desde tu propio sitio web. Tags:

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